Las tripas de la literatura

Por Miguel Blasco

 

  • Título: El fiord
  • Autor: Osvaldo Lamborghini
  • Editorial: Sin fin
  • Lugar y Año: Barcelona, 2014 (Buenos Aires, 1969)

 

Atención, cuidado: la literatura de Osvaldo Lamborghini no es apta para todos los estómagos. Es más, antes de internarse en el carrusel de aberraciones repugnantes que componen esta novela de veintiocho páginas, invitaría al lector a que probara suerte con el cuentito El niño proletario, que tiene sólo doce y es más llevadero: tres niños burgueses violan salvajemente a un compañerito suyo del arrabal. Si ahí no ha vomitado ni se ha rasgado las vestiduras, ya podría pasar al plato fuerte. O bien, arriesguémonos, transcribamos aquí el primer párrafo de El fiord:

“¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó tan miserable –en lo que hace al tamaño, entendámonos-, ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzado ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba, abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía, volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado en la cintura —El Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremos—, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el engendro practicaba su ágil retroceso, laceraba —en fin— la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar. Se producía una nueva laceración en su baúl ventral e instantáneamente Carla Greta Terón dejaba escapar un grito horrible que hacía rechinar los flejes de la cama. El Loco Rodríguez aprovechaba la oportunidad para machacarle la boca con un puño de hierro. Así, reventábale los labios, quebrábale los dientes; éstos, perlados de sangre, yacían en gran número alrededor de la cabecera del lecho.”

La primera pregunta que uno debe responder, más allá de cualquier juicio moral precipitado y sabiendo de antemano que hoy en día en menos de cinco minutos y cuatro clicks se puede encontrar en la Red imágenes que superan en crudeza cualquiera de sus párrafos, giraría en torno a por qué es valiosa la narrativa del argentino cuando ciertos pasajes no la diferencian en absoluto del slasher o del gore. El caso es que Lamborghini se adelanta de largo a estos géneros al escribir El fiord —se dice que en unos días, en unas horas— entre 1966 y 1967. Aparte, ¿en qué película o novela de dichos géneros vamos a encontrar una imagen o una frase que recuerde mínimamente en potencia e intensidad a cualquiera de las de Lamborghini?

Las coordenadas temporales nos son útiles para establecer una posible aproximación al texto en clave política. A finales de los sesenta y ante la inminencia del célebre mayo del 68, en todo el mundo, parafraseando a Chris Marker, el fondo del aire era rojo. Pero colgarle el sanbenito a El fiord de “alegoría sobre la Revolución” —aunque es cierto que El Loco Rodríguez tiene vilmente explotados a los otros personajes y en varios momentos se alude a él como Gran Dueño y Señor e incluso éstos finalmente consiguen sublevarse— es quedarse muy cortos.

En el imponente epílogo de Ignacio Echevarría que acompaña al texto editado por Ediciones Sin Fin, el crítico rastrea muchas de las interpretaciones que la novelita ha tenido: metáfora de la lucha sindical, sarcófago trasunto del peronismo, puesta de largo visceral de esos tres conceptos íntimamente relacionados (sexo/violencia/política) que, a partir precisamente de esa época, no han podido ir más de la mano, pese a que hoy tendrían su ejemplificación más grotesca en ese mono con navaja que es Donald Trump.

En paralelo, podemos acudir a la aguda reflexión de César Aira (recogida en otro epílogo excelente, el de las Obras Completas de Lamborghini que editó Mondadori allá por 2009) en la que pone de manifiesto que la novela está plagada de “alegorías que se cierran en sí mismas”, escapándose entre los dedos del crítico o del lector que quiera aseverar categóricamente “es esto”, de tal modo que tendríamos que verla más como un ejercicio libérrimo, horizontal, vanguardista; un continuo de Literatura en estado puro que nos invita a una experiencia de la que no saldremos indemnes, resonando de fondo la siguiente cuestión: ¿Cómo es que este señor escribe tan condenadamente bien al tiempo que nos provoca tanto asco? Cuestión que lo emparentaría con sus referentes más visibles: Sade, Lautréamont, Genet, Bataille o Burroughs.

Otra cuestión tiene que ver con el género: ¿se puede considerar novela a un textito de apenas treinta páginas? Y lo cierto es que cuando uno termina de leer El fiord es como si saliese a la superficie después de haber buceado a pelo una profundidad considerable. El fiord trasciende al cuento por lo que tiene de deliberada incógnita o de espacio abierto para la imaginación tanto en su inicio (¿de dónde salen todos estos personajes?, ¿cómo han llegado hasta allí?, ¿por qué?) como en su final (¿a dónde se marchan?, ¿qué sucede ahora que ha cambiado el paradigma?), es un absoluto in media res, una novela amputada. También es cierto que continuar en esos mismos términos y con esa misma crudeza durante muchas más páginas se haría difícilmente digerible. Aun así, Lamborghini se superó a sí mismo y lo logró con Tadeys, novela abismante que confieso que nunca jamás he podido terminar.

¿Y cuál es el asidero para navegar por tan procelosas aguas? El humor. El fiord, en muchos momentos, pese a su crudeza, invita a la más sana carcajada. Al igual que en un chiste cruel, el humor lo justifica todo, sabiamente, hasta su propio título… porque, por favor, que alguien me diga qué demonios es exactamente un fiord.

 

Miguel Blasco bio

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ray dice:

    Una excelente reseña de un autor fuera de serie.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s