Alzarse para sucumbir

Por Miguel Blasco 

 

  • Título: Una historia sencilla
  • Autor: Leila Guerriero
  • Editorial: Anagrama, 
  • Lugar y año: Barcelona, 2013

 

Lo interesante está sucediendo en “las afueras”. Ya sea en el extrarradio capitalino, en una favela o en un pueblecito perdido. Las ciudades destruyen las costumbres  —que cantaba sabiamente José Alfredo—, son ya el puro territorio Primark, baratijas de sí mismas, turistificadas, intercambiables, como mucho en unas podrás encontrar algún conciertito, alguna presentación potable, con mucha suerte alguna expo o retrospectiva interesante. El resto: nidito de neurosis, rapidez, violencia, trato inhumano, cada uno a la suya viviendo en su celular y Diosito en el de todos.

Por suerte, viene a confirmar esta teoría Una historia sencilla de Leila Guerriero, librito de no llega a las cien páginas, majestuosa crónica periodística de una extraterrestre urbanita que aterriza en el festival de malambo de Laborde, en el sudeste de la provincia de Córdoba, a sus necesarios quinientos kilómetros y pico de Buenos Aires, seis mil habitantes. “Un pueblo que parece salido de la imaginación de un niño ordenado o psicótico: pequeño centro urbano con su iglesia, su plaza principal, sus casas con jardín al frente, la camioneta último modelo Toyota Hilux cuatro por cuatro estacionada en la puerta.. Y, sin embargo, es en este pueblo anodino donde Leila Guerriero se acerca a una serie de personajes épicos, entrañables, inaprensibles, gente peculiar, pintoresca, única; imposible de encontrarla entre el ejército de chetos y malandros que componen la globalizada Buenos Aires.

¿Qué es el malambo? Un baile salvaje en su más pura acepción, “una junta de hombres que zapatean al ritmo de la música, acompañamiento de guitarra y bombo, un desafío entre gauchos que intentaban superarse en resistencia y destreza”.

“En el mes de enero de 2011″, nos cuenta la autora, “fui a ese pueblo con la idea –simple- de contar la historia del festival y tratar de entender por qué esa gente quería hacer tamaña cosa: alzarse para sucumbir”.

“Tienen veintiuno, veintidós, veintitrés años. Aspiran a tener, sobre el escenario, pero también debajo, los atributos que se suponen atributos gauchos –austeridad, coraje, altivez, sinceridad, franqueza- y ser rudos y fuertes para enfrentar los golpes. Que siempre son, como ya fueron, muchos”.

“¿Nos interesa leer historias de la gente como Rodolfo? Gente que cree que la familia es algo bueno, que la bondad y Dios existen. ¿Nos interesa la pobreza cuando no es miseria extrema, cuando no rima con violencia, cuando está exenta de la brutalidad con que nos gusta verla, leerla, revestirla?”.

Uno de los requisitos del Festival de Malambo de Laborde es que a su ganador le queda vetada la posibilidad de presentarse de nuevo al propio festival y tampoco a ningún otro de los tantos y tan variados concursos folklóricos que animan la extensa Argentina. Esta cláusula tan restrictiva origina que el ganador se aniquile y su momento de gloria sea único, irrepetible, fulminante. “Alzarse para sucumbir”. Pese a ello contemplamos con qué devoción chicos jóvenes de todas las provincias se estrenan a muerte para alzarse con el título labordiano. Guerriero sigue durante un año a uno de ellos, Rodolfo, su día a día, la relación con su familia, con su esposa, los entrenamientos; todo tiene un aire de delirio, como de secta. Pero al mismo tiempo hay heroísmo, superación, una extraña épica.

Lo cierto es que Una historia sencilla, aparte de una escapada a lo que sucede en “las afueras”, es una radiografía del carácter argentino colectivo, propenso a estas paradójicas efusiones de gloria y de un nacionalismo inocuo, naif, sencillo. Propensa también a estos desvelos un tanto incomprensibles y extraños, a esas adoraciones cuasi fanáticas de ídolos que ellos mismos erigen y luego queman.

Con pulso firme y singular economía narrativa, Guerriero pone de manifiesto una realidad sin juzgarla, lanzando al aire algunas preguntas pertinentes para que el lector se sumerja en la profundidad de uno de los muchos rituales extravagantes que se practican en las periferias argentinas.

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