¿Qué es el tedio?

Por Guillem Borrero

  • Título: El tedio
  • Autor: Alberto Moravia
  • Editorial: Planeta
  • Lugar y año: Madrid, 1960 (2008)

 

Dino, el protagonista de esta novela de Alberto Moravia (Roma, 1907-1990), es el hijo único de una muy rica familia romana. Aunque él no quiere serlo, Dino es el perfecto rico con el consabido desencanto hacia todo y hacia todos. No le interesa lo que se puede comprar con dinero. Tampoco le interesan los demás. No le interesa, en suma, el mundo. ¿Qué le sucede? Que nada le toca, nada llega hasta él, nada logra cruzar la suerte de hiato existencial que le rodea. Dino está separado del mundo por una invisible pero notoria película aislante.

El tedio.

Durante un tiempo, la vida de pintor mediocre que lleva le ayuda a establecer una suerte de vínculo con el mundo real, lo que mantiene a raya el sufrimiento. Pero pronto se da cuenta de que la pintura no es sino un sucedáneo de pasatiempo frívolo y vuelve a ser acosado por el tedio, ahora con mayor intensidad.

Cuando en lo más hondo de ese desapego existencial aparece Cecilia, la joven amante de un difunto vecino suyo ―según Dino, pintor mayor de espantosa calidad―, no sospechamos que esta muchacha simplona y descarada vaya a interesarle. ¿Acaso es el amor lo que descorrerá la cortina de nubes a nuestro personaje para que el sol del amor ilumine su mundo? De ningún modo: Dino no es tan básico como para necesitar del amor para dar con un sentido vital. Solo sucede que hay algo en esa chica que le desconcierta.

¿Y cuándo Dino ha dejado de comprender algo? Él desprecia el mundo por aburrido, por previsible, por caber dentro de su cabeza, por no sorprenderle. Por eso, Cecilia, con su contraste de promiscuidad espontánea, con palabras infantiles y comportamientos aniñados, se le aparece envuelta en misterio. Cecilia se erige en el enigma que necesita para ahuyentar el tedio.

¡Pero atención! No tenemos entre manos el clásico personaje atormentado que se abisma sin consuelo en las insondables profundidades de la existencia. ¡Nada más lejos! Cecilia no forma parte de la numerosa familia a la que pertenecen individuos de la corte del lobo solitario de Hesse. Esta muchacha es, sencillamente, un genuino producto de la época en que vive. Su rareza no es sino su precocidad en algunos años a los muchos como ella que llegarán al mundo anunciando el nuevo modo de ser humano que en el XXI será un lugar común. Cecilia vive en el presente, como lo hacen los animales sin memoria. No concibe ningún mundo trascendente. Está aquí y ahora, como el colmo de todos los posmodernos.

Entonces, ¿por qué es Cecilia un misterio? ¿Por qué es ella, sin lugar a dudas, el gran personaje de la novela, paradigmático de toda una época? ¿Qué tiene de interesante un personaje que solo sabe decir que una rosa es una rosa? Su posición en el mundo denota tal falta de trascendencia que aborta todo intento por comprenderla. Su superficialidad es demasiado profunda. ¿De verdad que no hay nada allá dentro? Dino la interroga una vez tras otra, y siempre obtiene unas respuestas que le exasperan de tan vacías que son. ¿Cecilia es una niña, una adolescente? ¿Cómo es posible que no se fije en nada? ¿Cómo es capaz de acudir a una cita justo cuando su padre da el último suspiro? ¿Es que Cecilia no tiene corazón? ¿En eso reside su peculiaridad? Solo en virtud de la falta de respuestas, Dino da con el impulso vital que aleja el tedio: entender por qué Cecilia piensa y actúa como lo hace.

La actualidad del tema que trata Moravia, la alienación del hombre moderno, es tan actual como hace sesenta años. Cecilia encarna precozmente a la víctima de la anestesia por sobrexposición, tan común hoy día. La falta de pasiones, el descuido de los talentos, la insuficiencia de lo material para satisfacer lo más elemental; nada de eso es ya tema de conversación. Moravia acierta con un diagnóstico certero y actual sobre lo que no funciona en la condición humana. ¿Y qué?, podríamos rebatirle, esos diagnósticos tampoco sirven para dejar de hacer lo que no nos proporciona los frutos buscados.

Ésta es, en suma, la historia de un hombre, consumido por una alienación radical hacia el mundo, que se siente atraído por la increíble existencia de un ser radicalmente distinto a él. ¿Cómo le podríamos llamar hoy a ese tedio? Creo que no hace falta buscar nuevas palabras. Ya lo resumieron genialmente los Stones. I can’t get no satisfaction. Viejo cuento este.

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