¿Por qué dejar de hacer lo que sea que estés haciendo y leer cuanto antes a Cristina Morales?

Por Miguel Blasco

 

  • Título: Lectura fácil
  • Autora: Cristina Morales
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar y año: Barcelona, 2018 (Premio Herralde de novela)

 

Ante ciertos libros es mejor que calle el crítico  y hable el ser humano, al que se le presupone más sincero. Al terminar este libro llevo días pensando: ¿qué hacer? He comprado más ejemplares y los he regalado, lo he recomendado, quiero tatuarme varias frases en el cuerpo, quiero empapelar a gran formato las paredes de la ciudad con capítulos enteros, quiero locutarlo en audio libro, he discutido por culpa suya, he tratado de seducir a alguien mandándole ciertos fragmentos, mi ejemplar está garabateado y hasta huele a sexo (es un libro que contiene partes muy tórridas, un libro con el que se puede llegar a las manos).

Supongo que todavía no arde el mundo porque recién acaba de salir publicado y aún anda circulando, pero este libro va a traer tela, va a suponer un jarro de agua fría sobre ciertos sectores, va a levantar ampollas. En otras reseñas lo comparan con lo más pop de Eduardo Mendoza, su detective pirado, y aunque las cuatro protagonistas de Lectura fácil nos pueden llegar a recordar a este personaje tan gracioso —y hay mucho humor en el libro, ¡cómo me reí!— la comparativa Mendoza-Morales es quedarse corto.

A mí las protagonistas me han recordado a Las margaritas de Vera Chytilová, esas dos amigas, medio hippies, medio muñequitas de porcelana, que se dedican a pasear tras darse cuenta de que si el mundo está corrompido, ellas podrían estarlo también y bombardean, de arriba abajo, a la sociedad bienpensante checa de finales de los sesenta. Me recuerdan, en esencia, a Mao y a Lenin, las dos muchachitas punks de ese cuento premonitorio, avanzado a su época, visionario y tan actual que es La prueba de César Aira.

Por supuesto, pienso en Virgine Despentes, pero mientras Despentes es la práctica, Cristina Morales es la teoría. Es un libro que tiende a lo ensayístico, es un libro con un discurso político en la punta de la lanza al tiempo que es la visión feroz de una licenciada en Derecho y Ciencias Políticas frente a los movimientos que supuestamente se piensan libertarios en la Barcelona más actual.

Muy resumido: Lectura fácil  “va de que los cuerpos y las mentes no normalizados se integren en el sistema gobernante de cuerpos y mentes normales, esto es, respetuosos con las normas”.

O no.

Parece que el crítico se ha colado y trufó el artículo con muchas referencias. Yo también padezco a veces el Síndrome de las Compuertas. Toda la novela me lleva a Leopoldo María Panero y su defensa acérrima de la locura y a los lúcidos textos y poemas de sus amigos, los huéspedes del manicomio de Mondragón en El globo rojo. ¡Los que estáis encerrados sois vosotros!

Haciendo de abogado del diablo, igual a Cristina Morales le caen críticas por el lado de arriba, ¿quién eres tú para ponerte en la piel de cuatro personas con una discapacidad intelectual del 40% : 188 euros de pensión; del del 52% : 324 euros de pensión; 66% : 438 euros, 70% : 1.118 euros…? No nos creemos que hablen así, que razonen así, bla, bla, bla…

Mejor transcribo un pasaje para que se den una idea de por dónde va el libro.

“Los anarquistas han echado a tu ligue para protegerte del deseo sexual, prima. Los anarquistas han echado a tu ligue porque piensan que la iniciativa sexual ha sido enteramente de él. Que tú, por tanto, has sido seducida. Presumen que tú estás en una situación de debilidad ante el macho, que se aprovecha de ti, de que eres nueva, de que eres poco punki, de que no sabes decir que no como sistemáticamente dicen que no las feministas del ateneo. ¿De qué están empapeladas sus fiestas? De carteles que dicen NO ES NO. ¿Qué grafitearon los de Can Vies en la última fiesta que hicieron en la Plaza de Málaga? NO ME  MIRES, NO TE ME ACERQUES, NO ME TOQUES. ¡Coño! ¡Y en letras de medio metro cada una? ¡Si por lo menos hubiera un grafiti lo mismo de grande que dijera SÍ ES SÍ!…. Pero ni eso, con lo que un indiscriminado voto de castidad presidía la fiesta entera. Los anarquistas quieren protegerte porque no entienden que tú, mujer, quieras que te miren, que se te acerquen y que te toquen, y que eso te lo pueda hacer un casi completo desconocido. Estos okupas criminalizan la pulsión sexual del mismo modo que el código penal los criminaliza a ellos por vivir sin pagar el alquiler. Criminalizan la pulsión sexual desde el punto y hora en que entienden que cualquiera que te mire, que se acerque o que te toque, quiere abusar de ti. Nos animan a nosotras, mujeres, a emborracharnos y a hacer pogos y a fumar porros y a encapucharnos, como siempre han hecho los varones. Sin embargo, no quieren enseñarnos otra cosa que también han hecho siempre los varones: expresar el deseo sexual y culminarlo (…) Para estos anarquistas tuyos, la pulsión sexual es peligrosa. Estoy de acuerdo con ellos: follar es peligroso. Follar es un acto de voluntad, un acto político, un lugar de debilidad donde caben desde el ridículo hasta la muerte, pasando por el trance, el éxtasis y la anulación. Pero los anarquistas no quieren asumir ese riesgo. Asumen otros, muchos y variados, pero ese no. ¿Por qué no asumen el riesgo del follar los anarquistas de hoy, a pesar de que sí lo asumieron los anarquistas de hace cien años? Este cambio de mentalidad merece ser estudiado con detenimiento. ¿No consideran los anarquistas de hoy la emancipación del deseo sexual parte de su lucha por la emancipación de todas las opresiones? Parece que no. Esa lucha, ¿les da miedo? Parece que sí. ¿Les da miedo follar? Por ahí van los tiros, por ahí van las pelotas de goma de los antidisturbios sexuales. Han entendido liberación sexual como mera y simple asunción y visibilización de la personalidad no heteronormativa de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Han acuñado el bello concepto de “disidencia sexual” para referirse a lo más superficial del sexo: a la identidad y a las pintas, a precisamente todo aquello que follando debería disolverse”.

El Premio Herralde de novela 2019 es todo menos una lectura fácil. Pero lo más radical y poderoso, tal vez lo mejor de la novela, es que tras su aparente NO, tras ese anti punk que acaba por ser ultra punk y le da la vuelta al punk más bernhardiano, Cristina Morales, en el fondo, propone un rotundo SÍ: un canto a la vida plena; un bofetazo en la cara para que nos demos cuenta de una vez por todas de que todas aquellas personas cuya mente y cuyo cuerpo ha sido etiquetado bajo fórmulas políticamente correctas de diferenciación y de exclusión (los locos, los subnormales, los tullidos, etc.) no hacen otra cosa que venir a ILUMINAR la sórdida realidad de los que nos creemos “normales”.

María Arnal lo canta mejor que yo:

 

Miguel Blasco bio

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El libro tiene muy buena pinta, y obviamente haber ganado el Premio Herralde nos sirve como medida de la calidad literaria de su autora; pero he de confesar que lo que me ha animado a comprar este libro ha sido una entrevista de Cristina en el programa Página Dos, habrá que seguirle la pista en el futuro. Saludos y gran entrada!

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    1. Sin duda, Cristina Morales se expresa con la misma coherencia y soltura en entrevistas que en su narrativa, una escritora completa y genial. Saludos.

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