Girls Just Want To Have Fun

Por Miguel Blasco

 

  • Título: La memoria del alambre
  • Autor: Bárbara Blasco
  • Editorial: Contrabando Ediciones
  • Lugar y año: Valencia, 2017

 

Girls Just Want To Have Fun, que cantaba Cyndi Lauper. Las chicas tan solo quieren divertirse. Tomo como referencia inicial este mítico hit ochentero porque bastante de eso hay en la nueva novela de Bárbara Blasco, novela que radiografía precisamente ese periodo, los crepusculares ochenta, en la ciudad de Valencia, una Valencia que parece mucho más amable pese a ser un poco yonquilandia y pese a la inminente llegada del fenómeno que la catapultó a la fama internacional —la Ruta del Bakalao—, esa infinitud de discotecas en las afueras, esa bacanal de drogas sintéticas y música electrónica que se alargaba desde el jueves por la tarde bien prontito hasta el lunes al amanecer y que cada tanto novelistas y sociólogos pretenden resucitar cual reliquia antropológica, todos, por lo que he podido leer, con bastante menos gracia que el libro que nos ocupa.

“Ni mods, ni punks, ni rockers, ni heavys. Sólo supervivientes, de arrabal o de barrio pijo, unidos en su afición a las drogas, en su ansia enfermiza de noche, hermanados por el chumpa chumpa”.

Antes de que Valencia se convierta en el epicentro de una jarana demente, la autora nos presenta a dos adolescentes con tremendas ganas de pasarlo bien. La narradora y su amiga Carla, dos chicas a veces con un punto de inconsciencia, ajenas a los peligros y a la violencia machista que entonces ya existía y que hoy se manifiesta con toda su crudeza y su brutalidad; pese a todo saben sortear con mucho swing esas vergas que quieren constantemente clavarse en sus carnes tiernísimas y la pasan bien. La memoria del alambre es un canto a ese carpe diem perpetuo de la juventud, una confirmación vitalista y bella —pero también dolorosa— de esa famosa máxima: en la juventud vivimos, luego sobrevivimos.

Y Bárbara Blasco consigue impregnarnos de ese espíritu a través de una sugerente estructura en la que continuamente saltamos del presente a los ochenta de la mano de esa narradora —ya madura, ya sobreviviente— convencida de que la memoria posee similitudes con el alambre: se puede malear pero nunca recuperará su forma primigenia. Una narradora que se convierte en jueza de su pasado y que debe resolver un misterio, una protagonista embarcada en una especie de “viaje a ninguna parte”, puesto que trabaja de cantante en una orquesta pachanguera de verano llevando a recónditos parajes de la geografía española los más acaramelados hits del verano, pasodobles y pop ligero, música que ella y los demás miembros de la compañía abominan, pero es lo que a la fin el respetable exige.

“Vivimos en un mundo cada día más idiota en cuestiones musicales. Los productores ofrecen mierda en lugar de canciones, mierda hidrolizada, envasada al vacío, perfectamente empaquetada pero mierda al fin y al cabo. Y el público medio, esa costumbre hecha animal, consume con fruición su mierda, y demandan puntualmente más dosis. El marketing se ha convertido en el vademécum de la mierda; las discográficas en grandes empaquetadoras; las radiofórmulas en enormes ventiladores para salpicar toda esa mierda. La publicidad, en la coartada emocional para que su olor nos resulte familiar, como si proviniera de nuestro propio retrete. Y todo el mundo contento: no tendremos música, pero, ¿a quién le importa cuando está hasta el cuello de mierda?”.

De lo que salpica Bárbara toda la narración es de reflexiones punzantes y aun así es una novela tremendamente musical, con cerca de cien referencias a temazos de ayer, hoy y siempre, que funciona precisamente como el estribillo de una de esas canciones imperecederas y que tiene en el alambre una doble metáfora puesto que toda esa parte de la novela más itinerante es en la que descubrimos dónde puede estar hoy una verdadera bohemia, un vivir a salto de mata y con lo puesto y en donde tiene cabida también el humor, el compañerismo y hasta el amor (furtivo). Un libro que gustará por igual a quienes no conocíamos ese periodo y a los que sí que lo vivieron dado que el singular espejo prendido en la cuerda floja que Bárbara Blasco ha diseñado acaba por reflejarnos a todos.

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Miguel Blasco bio

Un comentario Agrega el tuyo

  1. María Dolores Soler dice:

    He leído la novela y me ha gustado mucho, pero la novela es reciente, del 2018 no del 2017

    Le gusta a 1 persona

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