El mito del Self-Made Man

Por Guillem Borrero

  • Título: La costa de los mosquitos
  • Autor: Paul Theroux
  • Editorial: Tusquets Editores
  • Lugar y año: Barcelona, 1984 (1981)

 

Aunque el argumento de esta novela, ganadora en 1981 del James Tait Black Memorial Prize, en verdad, poco importa, con la sola creación del magnífico personaje de Allie Fox, Paul Theroux (Massachusetts, 1941) ingresó en la atemporalidad que caracteriza a los clásicos. La trama, por otro lado, es lineal: cronológica, sin complicaciones. Es Charlie, el hijo mayor de los Fox, una familia a un tiempo tradicional y liberal, el que nos narra, ya de adulto, que un día, liderados por Padre (sin artículo), decidieron emprender un extravagante viaje para mudarse a Honduras. Su intento por instalarse en el país centroamericano ocupa el resto de las páginas.

Los valores que mueven a los Fox, en el tiempo de la acción, son transgresores para la época: buscan reducir el consumo, eludir la cultura de masas, promover la autosuficiencia, cultivar el men sana in corpore sano. Tal vez el menú recién recitado hoy en día no sea sino un librito de instrucciones resumido para mantenerse dentro de lo “políticamente correcto”. No puedo decir “qué más da”, pero, ahora, en verdad, qué más da esa crítica a la mediocre actualidad. Pero decía que, aunque liberal y libertaria, la familia Fox está regida por una estructura muy jerarquizada: en la cumbre gobierna Allie Fox, EL PADRE, como un dictador sin sombra de opositores. Incluso, durante gran parte de la novela, nos damos cuenta de que bien podríamos atribuirle los caracteres de ese gran padre en mayúsculas: omnipotencia, omnisciente. Porque a Allie Fox no se le escapa nada, lo sabe todo, lo puede todo. Su infalibilidad es puesta a prueba decenas de veces a lo largo de la narración, y podemos contar con una mano el número de sus errores.

Pero quien ha leído solo un poco sabe que la historia de una familia a contracorriente, sola en el mundo, y encima feliz, no tendría cabida en una novela que ingresó con pase VIP en la tradición de la alta literatura. Por eso, llegado cierto punto de la trama, las mismas virtudes que hicieron que Allie Fox tuviera un éxito incólume en su asentamiento en medio de la selva hondureña, lo harán morder el polvo.

Porque Allie Fox es humano, y se equivoca. Y será precisamente uno de los errores más humanos imaginables lo que precipitará el inicio del fin: juzgar erróneamente al otro. Es entonces cuando la narración se acelera y desbarranca mientras nos muestra la desintegración de la impresionante comunidad autoabastecida creada por Fox. Las consecuencias son previsibles, pues ya desde el inicio de la novela hemos ido vislumbrando más que atisbos del carácter ciertamente déspota del PADRE. Su mandato tambalea. Su carácter se agria. Sus decisiones beben de la crueldad. En suma, Allie Fox acaba convirtiéndose en el monstruo del que huía. Hasta las últimas consecuencias.

Las conclusiones que extraer de La costa de los mosquitos son gigantescas: de raigambre local, pero de alcance universal. Fox, a pesar de sus constantes, insistentes y cansinas críticas a su país, no es sino la representación hiperbólica del self made man tan genuinamente norteamericano. No hay duda de que un fundador de la patria suya, esa donde el lassez faire cobra visos de mandamiento, de poder, le otorgaría el pasaporte de honor: Allie Fox como ciudadano estadounidense Premium.

Fox no es sino un perfecto hijo del Renacimiento. Sabe que nada está escrito, que la naturaleza puede ser dominada, que el hombre puede ser un dios para sí mismo. Fox es el hombre moderno, ateo y escéptico, lo que no quita que esté imbuido, ¡empapado!, de la ética del trabajo protestante, que no descansa hasta haber doblegado lo que se le resiste. No acepta la frustración, no conoce la resignación, no sabe de adaptarse. Fox, pese a renegar del dios cristiano, no hace sino seguir la orden de Dios que fue revelada en el Génesis:

Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

 

Lee un fragmento del libro aquí

 

Guillem Borrero bio

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