¿Quiénes son las otras?

Por Miguel Blasco

  • Título: Las otras
  • Autor: Carolina Bruck
  • Editorial: Adriana Hidalgo editora
  • Lugar y año: Buenos Aires, 2013

Exactamente nueve cuentos de muy diferente pelaje —aunque todos mordaces e hilarantes — componen este brillante debut de Carolina Bruck, premio Biblioteca Nacional 2013, en el que un estimulante enigma surge ya de entrada con su título: ¿quiénes son “las otras”? ¿Tal vez como aquella película que Amenábar plagió de Henry James, el misterio resida en que las diferentes protagonistas poseen la capacidad de observar a seres que aunque todavía pululen por este mundo, están en otro? Podría ser.

Así se cumple en el primero de los cuentos, Submarinos amarillos, en el que una niña bastante precoz visita a su mamá en un manicomio, encerradita la pobre entre esos muros por el hecho de preferir fervientemente vivir en Londres que en Buenos Aires.

En China, el segundo y descacharrante relato, la verdadera protagonista es la  mapuche que una dama de la alta sociedad pampera toma como sirvienta, convirtiéndose en el testigo mudo del progresivo declive tanto de ella como de su marido.

Inevitablemente en Morder el polvo las protagonistas podrían afirmar —por el terrible lío en el que se ven inmersas— aquello de “nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas”. Llegamos al cuarto cuento y parece que la teoría se confirma. En El cerebro del ratón, aparte de una contundente mofa al universo fresa porteño, será la mujer de ese publicista de moda quien asista a su estrepitoso naufragio vital. Por su parte, Nada que ver conmigo arranca directamente así: “Mis primos me decían que había nacido para ocupar el lugar de una muerta”.

En Final de fiesta asistimos a la terrible pero real agonía de una casa editorial y se nota que Carolina Bruck sabe de lo que habla porque trabaja como correctora de textos en una. Si no sería imposible que le salieran frases tan implacables como esta: “Después de todo, publicar una novela no asegura más que la persistencia en una tarea inútil”.

Casi transparente es el retrato de otro fallecimiento, más metafísico tal vez, la pérdida de la fe en el judaísmo por parte de una adolescente. En El otro lado se da una curiosísima relación —casi fetichista— entre una profesora y el dueño de una tienda de composturas, dos oficios también en vías de extinción.

Por último, entrando de lleno en la literatura del yo, en Lo que fumaba Simón, Carolina Bruck pelea directamente contra los fuegos fatuos y trata de reconstruir junto con una amiga el porqué del suicidio de un querido profesor de cine en la cima de su carrera profesional. Por supuesto, no lo consiguen. Se quedan en el lado de “las vivas” y ponen el broche final a esta vivificante colección de observaciones de lo paranormal.

 

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