Todavía quedan apaches

Por Miguel Blasco

  • Título: Ahora me rindo y eso es todo
  • Autor: Álvaro Enrigue
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar y año: Barcelona, 2018

Ahora me rindo y eso es todo es la frase con la que el chamán de guerra Gerónimo culminó su rendición incondicional frente al ejército yanqui y podría ser perfectamente la frase que Álvaro Enrigue exclamase para poner punto final al proceso de escritura de esta novela exuberante, sentencia que expresa su ferviente deseo de ser apache al mismo tiempo que invita a todos aquellos lectores que también deseen serlo a resucitar el espíritu de tan guerrero pueblo.

“En un mundo que mide la potencia de las culturas en columnas y ladrillos, una que alzaba casas para que se volvieran tierra bate todos los récords del desdén. Tal vez todos fuimos así alguna vez, nómadas y felices”.

¿Qué nos pueden enseñar a estas alturas de la batalla los apaches? Pues aparte de su dignidad, su interés por el bien comunitario frente a los intereses individuales, su total sintonía con la naturaleza, su actitud entre festiva y religiosa frente a la vida, su total desapego por el dinero, por el trabajo, por la acumulación de bienes y pertenencias, aparte de todo esto, que no es poco, fue un pueblo que, consciente de que su lugar en este mundo iba a ser inminentemente masacrado por los intereses de las dos naciones (USA/México) que le habían usurpado su territorio natural, decidió extinguirse luchando.

“La idea es escribir un libro sobre un país borrado. Una país que funcionó tan bien y tan mal como funcionan todos los países y que desapareció frente a nuestros ojos como desaparecieron los casetes o la crema de vaca en triángulo de cartón. Donde hoy están Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo México había una Atlántida, un país de en medio. Los mexicanos y los gringos como dos niños sordomudos dándose la espalda y los apaches corriendo entre sus piernas sin saber exactamente adónde porque su tierra se iba llenando de desconocidos que salían a borbotones de todos lados”.

Estamos ante una novela descomunal cuyo único defecto sería su desmesura, un texto que se abre en muchos flancos, se desborda, en efecto, cual estrategia de guerra apache, con personajes que aparecen y desaparecen, que parte de la biografía y del retrato, una novela que cabalga por la auto-ficción, por el western, por el ensayo histórico y por la crónica, deudora del mejor humor de Jorge Ibargüengoitia y de una preocupación por la estructura “total” del Bolaño de 2666, que va saltando sin despeinarse por diversos momentos históricos para finalmente fundirlos, que tiene lo mejor del Enrigue guionista y que exprime la Historia para entonar un mea culpa tripartito contra quienes arrasaron lo que ahora se conoce como América: españoles, gringos y mexicanos. En ese sentido, me gusta pensar que López Obrador se ha leído esta novela y por eso le exigió recientemente al monarca Felipe VI que pidiera disculpas por los desmanes de los conquistadores hace quinientos años. La propuesta no era mala, tal vez le falló la forma y le sobró ruido mediático. Mejor hubiese sido enviarle un ejemplar de esta novela con una carta personal a Felipe VI. Y otra a Tupe Colorado Trump.

“Vivo de escribir novelas, artículos, guiones, para poder sostener a mi familia con los asuntos sobre los que leo. Y escribo porque es lo único que soy capaz de hacer consistentemente. He tratado de hacer de todo para mantener a mi modesta nación de cinco miembros a flote, para que mi material genético, mi lengua, mi manera de hacer resista, resista un poco más. Si fuera un chiricahua, solo leería, nos moriríamos de lo que uno se muere si no participa en la feria de la productividad: malnutrición, sesenta cigarros al día, falta de dentista, enfermedades curables, deudas tributarias, pésima educación”.

Estamos frente a un texto sincero, escrito con el corazón en la mano, no exento de pullas (“En Berlin ya hay más artistas y escritores latinoamericanos que en Latinoamérica”), que se moja y pone toda la carne en el asador, un soplo de aire fresco frente a la literatura de lo políticamente correcto o la literatura que se mira su ombligo, una exhortación para todas aquellas lectoras y lectores que pensamos que aun se puede vivir de una manera diferente. Sí. Todavía quedamos apaches.

Lee un fragmento del libro aquí 

Miguel Blasco bio

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ali Cate dice:

    Gran libro. Tuve ocasión de leerlo y me pareció una gran obra.

    Le gusta a 1 persona

    1. De los mejores libros de Enrigue, sin duda.

      Me gusta

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