El riesgo de volar del nido

Por Carlos Jáuregui

  • Título: Pajarito
  • Autora: Claudia Ulloa Donoso
  • Editorial: Almadía (Pepitas de Calabaza)
  • Lugar y año: México, Logroño, 2018

La obra de la peruana Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) es, como advierte la contraportada, el “gabinete de un coleccionista”; las cinco partes seccionadas del libro reflejan no solo distintos estados emocionales, sino distintos países y tiempos que acusan el universo literario de la autora.

El libro tiene fundamentos firmes, frases notables e imágenes tan nítidas que es de dudar si Ulloa Donoso no posee una supra-sensibilidad, pero por igual hay también partes muy “rosadas”, si se me permite utilizar una pésima expresión, y también secciones débiles, pues más que alcanzar a formar el relato o ensayo breve, asemejan hojas arrancadas de un viejo diario donde, irónicamente, los recuerdos más antiguos y lejanos parecerían los más trabajados y actuales, mientras que los que nos cuentan el estado presente se diluyen y recaen en el lugar común y llorica del escritor expatriado.

La obra propone una lectura fácil, seccionada y serena, con micro-historias y digresiones de una autora que tiene una sensibilidad indiscutible, una ávida imaginación y una abrumadora capacidad de observación y sinestesia. Atendiendo al corte de la editorial, la obra es una refracción de su contenido, bien presentada en colores brillantes y congruente con el estado en que la voz narrativa hipnotiza al lector.

No obstante a la grata lectura, iniciamos este texto con una frase clave: “el riesgo de volar del nido”, que no busca imponer carga o pretensión alguna, sino más bien emerge de una pregunta genuina respecto al estado uniforme de la literatura actual y de la involución que han sufrido los editores; pero de esto hablaremos más adelante.

Ulloa Donoso cifra en Pajarito ejercicios y textos interesantes dentro de mini- ensayos melosos que refieren a la pesadez de la soledad y la migraña, a la licuefacción en el transcurso de los días, a la observación pura y nuclear de cada elemento (tanto de objeto, como de ser vivo) que habita dentro de un cuarto, a la inmensidad y microcosmos del mundo; todo ello rozando la poesía en ritmo y captación de instantes. Hay juegos de palabras, frases y relatos enteros que merecen especial atención, mientras que otros cojean como mesa de tres patas en su concepto y desarrollo.

“Enciendo un cigarro; la imagen de ella se desvanece junto con la primera bocanada de humo agrio y tibio; una serpiente blanca que avanza desde mi garganta para anidar en mis pulmones. El gato me mira con sus ojos verdes brillando de rabia, porque los chasquidos de mi encendedor, que nunca da fuego a la primera, lo han despertado.”

Este tipo de imágenes obsesivas, vívidas y punzantes habitan en Pajarito, pero son, si no escasas en la obra, al menos insuficientes; la mayoría del texto nos narra monótonamente el andar de una mascota, el fastidio de la ruptura, el insomnio o el espectáculo de la cotidianidad, siempre plagada de imágenes interiorizadas, que en momentos aprietan el aliento y en otros provocan el ansia de una descripción que peca de básica en un mundo interior tan edulcolorado —adolescente y frágil—, al grado tal de desplomarse en el cliché del huraño coleccionista o del investigador expatriado que añora a su patria.

Planta, Cosas de dos y Plástico son relatos sólidos que cumplen el propósito y la satisfacción literaria, porque talento le sobra a la peruana; pero carecen de riesgo, son demasiado comunes: éstos emanan de sentimientos legítimos, lo malo es que recaen en la sensación impositiva de quien te enseña una foto, insistiendo en que le encuentres la belleza que él o ella le ve.

“Su mirada pesa en mi tráquea y mi estomago, e inmediatamente ella pone la botella abierta entre sus muslos y la sujeta entre su carne forrada en tela de flores. Toma la tapa y pasea sus yemas por el precinto dentado. El líquido entre sus muslos olea y revienta contra las paredes de la botella. En sus manos ella toma aquel precinto y le aplasta los dientes con el pulgar, lo estira y luego le da vueltas, lo retuerce como quien tortura a un ratón por la cola.”    

Ulloa Donoso se desvive por exponer en sus textos la belleza y sabiduría de diversos objetos: la pesadez de un armario, el zumbido de una cortadora de césped, tazas de café y botellas de agua con gas, lo cual brinda gestos cómplices y empatía —principio rector del escritor—, pero solo en algunos encontraremos esa cierta resistencia o riesgo que atrapa al lector, debido a que la estructura, materia y la línea narrativa es muy similar a trabajos como La memoria de las cosas de Gabriela Jauregui, que no le resta en absoluto mérito, pero si puntos de originalidad. Aquí algunos ejemplos:

Titiretera es un relato completo, interesante y perfecto en menos de 150 caracteres. De premisa simple pero efectiva, una empleada hotelera decide poner un hasta aquí a su condición servil. Las marionetas y un escenario imaginado ajustician nuestra moderna esclavitud laboral. Ulloa Donoso además de repetir el ejercicio de mezclar la contemplación con la imaginación dentro de lo cotidiano, hace un sobresaliente juego de palabras y presenta un giro de tuerca que deja al lector satisfecho.

“Así acaba mi primera función: he logrado moverlos como mis marionetas; que levanten las manos y se queden en silencio mientras yo les invento una voz y un diálogo. La pistola con que les apunto no es lo mismo que las cuerdas que mueven las extremidades de una marioneta, pero en fin, funciona igual.”    

Y pasada la página, volvemos al relato insistentemente descriptivo y llano. Lo que hace que surja la incómoda pero necesaria pregunta: ¿Por qué no intentar esto a lo largo de toda la obra? Es evidente que la naturaleza de esta lectura apuesta a la multiplicidad y un amplio rango, pero queda corto en arriesgue.

Olor a pescado es un relato interesante, porque la autora, específicamente dentro de la sección “Aquí y Allá”, se da la libertad de realizar un ejercicio distinto: el recuerdo de una infancia nostálgica en la ciudad de Lima. Todo es imagen en la narración de Ulloa Donoso, su relato parece que congela el tiempo y su pluma es robada por una colegiala que alcanza una memoria de grados prodigiosos. El detalle de cada recuerdo es impoluto —los recreos, las antiguas televisiones JVC, las conversaciones con su madre—. El texto cuenta el recuerdo de una adolescente, cuando una marea arroja miles de pescados a lo largo del litoral de Lima, y de ahí, años y arrugas más tarde, repara el adulto en aquél momento tan sobrenatural y misterioso, tan ajeno y común, como suelen ser aquellos que nos marcan.

“La imagen de los pescados vuelve a mi cabeza y me hundo en las espinas del dolor al pensar en todos los muertos varados por el terrorismo a lo largo de la sierra. Esa gente pobre y esos muertos que seguí por la televisión a colores durante todas las mañanas de mi infancia, y que ahora vuelven como una postal de Lima escrita con mucho dolor y a la vez con mucha indiferencia.”

Uno de los mejores relatos  y que en definitiva está fuera de una cálida zona de confort, nos demuestra que cuando Ulloa Donoso suelta sus palabras sin la prisma de poeta y sin la mirada de la indefectible soñadora, logra entregarnos algo por igual tierno y devastador. Un médico forense recibe el cuerpo de una joven prostituta que ha cometido suicidio. Recibirla le entrega los matices que todo ser posee, el del ángel y del demonio, a razón de quien la vea y quien la juzgue. El relato no tiene más de 20 líneas y eso es suficiente, pues en esa brevedad Ulloa Donoso restriega la hipocresía y la corta empatía de quien no ha caminado en esos zapatos.

“Su silueta solo marcaba una sombra gris sobre el brillo del acero, resaltaba en ese espacio helado de la cámara frigorífica. Es un ángel, insisto, nadie ha venido a recogerla y los ángeles siempre andan solos, los ángeles no tienen familia.”

Pensamientos plastilina es un buen texto donde Ulloa Donoso encuentra ese mundo mágico dentro de lo ordinario (un parque y un espacio abierto), donde explota imaginación y hace un bello ejercicio de mimetización entre el reino vegetal y el humano, asimilando por igual fotosíntesis y oscuridad con la soledad y el insomnio. Es muy interesante la mezcla que hace de relato con poesía o digresiones cortas, pero la temática y la composición se repite demasiado a lo largo del libro.

“En esta época del año en que no oscurece, las plantas viven en una actividad constante. No descansan, les circula la savia por los vasos y las nervaduras todo el día. La clorofila fluye y se adhiere a sus poros y al aire. A mí me pasa algo parecido. En primavera la sangre me fluye violenta y mi actividad física —y mental, que a veces tengo— se convierte en galope salvaje. Es en esta época que llega el insomnio rampante.”

Este tipo de narración es satisfactoria. Pero después recae en la constancia mermada de una descripción y temática que camina por la gruesa línea de lo común. Cada opinión debe llevar sustento y lo haremos más adelante.

En nuestra opinión, esto tiene mucho que ver con esa resistencia y sobre todo, consistencia que hoy en día se le impone al escritor. Un mundo editorial ávido de seguir las fórmulas probadas, lo que el escritor sabe y de ahí, que consciente o inconscientemente, constriña la pluma. Refuerzo con la opinión que Luis Goytisolo compartía en una entrevista del 2017: “el afán de renovación no es un rasgo distintivo de los escritores contemporáneos en lengua castellana; antes bien, su actitud artística es bastante conservadora… no se han atrevido a traspasar los límites establecidos.”

De ahí que Pajarito es una lectura atrayente y recomendable. Más aún para aquellos que no se torturen con buscar la meta literatura y segundas lecturas en cada frase de un texto.  El gusto y el “derecho universal de la lectura” (como lo llama Domínguez Michael) es algo tan personal como lo es general.

La observación y la contemplación fotográfica es una cualidad extraordinaria, es el mayor recurso y mérito de Ulloa Donoso. Pero invariablemente tendríamos que cuestionarnos algo: si se arguye que el talento del escritor es narrar lo ordinario como extraordinario, también podríamos debatir si acaso todo lo ordinario tiene forzosamente algo de extraordinario (si se nos permite el retruécano). Por lo tanto, ciertos relatos de Pajarito en realidad terminan sintiéndose como aquellos ejercicios descriptivos de momentos, que se utilizan mucho en talleres de escritura, donde uno debe describir lavarte los dientes en unos 500 caracteres.

“Llego a casa y me encuentro con la consecuencia de mi carrera literaria: soledad y desorden. El gato se ha quedado dormido sobre el lomo cálido del televisor que nunca apago.”

En varios de estos relatos, este tipo de narración se repite constantemente, asemeja a un corto universitario y novel, buscando profundidad, donde por regla el estilo mantiene una misma línea en descripciones y adjetivos. Cayendo en la necesidad del autor por decir y explicarlo todo.

“El Hombre peina cuidadosamente al Niño; luego lo perfuma y el olor del ambiente cambia por un instante: de alcohol rancio a colonia de lavanda. Suspira.”    

Juan Serrano Cazorla lo indica con más contundencia: “Digámoslo más claramente: hoy en día un escritor de talento no puede permitirse el lujo de escribir una literatura verdaderamente arriesgada e innovadora, porque tal osadía le propiciaría la animadversión o la displicencia de los editores, la incomprensión de muchos críticos,… y con toda seguridad, el rechazo palmario de ese mercado que tiene apresados a los lectores”.

Quizá queda la esperanza de que el autor se reinvente. Cada proyecto es enteramente nuevo y le permite mutar en lo que quiera. Esperemos que Ulloa Donoso, así como el resto de la generación literaria hispanoamericana, no sea seducida por el juego editorial, se aleje de las ferias del libro y haga lo que tiene que hacer un autor, encerrarse dentro de sí mismo, para poder plasmar sublimemente aquello que está afuera.

Lee un fragmento del libro aquí

Compra el libro aquí

 

bio Jáuregui

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s