Dr. Vila & Mr. Matas

Por Miguel Blasco

  • Título: Esta bruma insensata
  • Autor: Enrique Vila-Matas
  • Editorial: Seix Barral
  • Lugar y año: Barcelona, 2019
“Atrás quedan los días en los que los magos sólo buscaban «engañar» al público. El mago de hoy aspira tanto a intrigar como a sorprender. Su trabajo es despierto y acorde con lo actual.”
George G. Kaplan. El arte de la magia

Con el mejor estilo de los grandes prestidigitadores, Enrique Vila-Matas despliega en Esta bruma insensata una tremenda estrategia de distracción. Otros reseñistas, un tanto despistados, han asegurado que esta novela versa sobre el conflicto nacionalista catalán. Nada más lejos de la realidad. Es, simplemente, el ruido de fondo, la bruma. Vila-Matas despacha el asunto con dos o tres frases certeras y ubica la segunda parte en el ambiente apocalíptico del pasado 27 de octubre de 2017 en la ciudad condal (Barcelona, ciudad neurasténica, tan admirada por los forasteros/ Ninguna de las dos opciones –ni catalanismo ni españolismo- me atrae ni me parece válida/ No sería mala idea abrir un negocio de venta de banderitas).

Mucho me temo que los tiros van por otra parte. Fíjense que aparecen todos los “habituales” de sus novelas: Kafka, Joyce, Beckett, Perec, Pynchon, Bolaño, aparece Mario Levrero y hasta en el último párrafo Borges. Pero, ¿quién falta? ¿Quién ha quedado juguetonamente fuera? ¿Quién es el gran ausente/presente? Robert Walser. El truco es el resorte: estamos ante la gran novela walseriana de Vila-Matas.

Empezando por sus protagonistas, los dos hermanos, Simon y Rainer (Los hermanos Tanner) que, en principio, deberían ser los actantes que muevan la trama, pero simplemente viajan y pasean (de Nueva York y Cadaqués a Barcelona), “no producen nada, a no ser el gozo del lector”, se enfrentan en diálogos delirantes y son dos concepciones diferentes de la Literatura, aparentemente enemigos acérrimos que en el fondo se necesitan y se complementan. En Rainer se desarrolla el gran tema walserniano por antonomasia —el mito de la desaparición— y en Simon la gran enseñanza vital que el escritor suizo nos dejó: la capacidad para ver desde una cierta distancia los sucesos más tumultuosos que de vez en cuando golpean nuestras vidas, el desapego, la tímida melancolía, tratar de vivir siempre en Herisau.

Toda la parte de Simon en Cadaqués remite directamente a El paseo. Se desarrolla, al igual que en la nouvelle de Walser, durante el breve marco temporal de una tarde y en ella el protagonista visita varios locales de su pueblo, se encuentra con conocidos, experimenta diversas sensaciones, viaja lejos mentalmente y al caer la tarde regresa a casa. Todo lo impregna una sutil poesía que parece sacada de esos dos otros libritos absolutamente fabulosos que son Diario de 1926 y La rosa (los dos últimos textos de Walser antes de entrar al sanatorio de Herisau).

“¿Puedo, con la venia, pensar que quizá esta misma tarde o mañana a primera hora a más tardar se me va ocurrir la palabrita que habrá de liberarme y sacarme de todo este apuro?”

“Hace cinco o seis años que llegué a esta ciudad; no es demasiado grande, pero en contrapartida ofrece la imagen de una ciudad plástica y muy rica en expresiones”.

Entre estos hermanos también hay detalles de Jakob von Guten (la dialéctica amo-esclavo, eje vertebrador de la novela del suizo) y me atrevería a decir que hasta de El ayudante (el declive de la burguesía, en este caso, catalana); todo, todo está deliciosamente oculto dentro de esta gran chistera, qué placer da detectarlo mientras el mago nos lleva hacia otras direcciones, nos sumerge como en ninguna otra de sus novelas en un tremendo maremágnum de citas: no por casualidad Simon se declara hokusai, un dealer de citas ajenas.

Ahora bien, lo irreflexivo de sus conductas y sus delirantes conversaciones —bajo mi punto de vista el gran logro del libro— tienen su origen en la obra cumbre de Walser: El bandido.

“Mi casera me encontró llorando. «No te preocupes», me dijo. «Si me alegras todas las veladas con una bella conferencia, dejaré que vengas a mi cocina y ases las costillas más jugosas sin pagar por ello. No todos los hombres han sido llamados a ser útiles. Tú eres una excepción».”

Otra de las teorías más alegres y disparatadas que Vila-Matas esgrime en Esta bruma insensata orbita en torno a la hipótesis de que Thomas Pynchon no escribiera realmente Vicio propio (Inherent Vice). De hecho, se baraja la hipótesis de que Pynchon no exista y a su alrededor se haya creado una cofradía u hermandad de escritores que redacta las novelas en su nombre. Ahí se encuentra otra de las claves de la novela, esa oscilación entre dos conciencias: la que desea tener fe en la escritura y la que preferiría inclinarse por el desprecio y la radical renuncia.

¿Cabe la posibilidad de que Vila-Matas tampoco exista? Tal vez se trate de una orden secreta que cada dos o tres años decide reinventar la literatura. O al contrario, es posible que Vila-Matas sea el último escritor auténtico, una voz en resistencia, ajena a esta bruma insensata en la que se está convirtiendo la vida y la literatura.

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