Crímenes imaginarios

Por Raquel Verdugo

Javier Peñas: La preciosista novela de Yasunari Kawabata «La casa ...

 

  • Título: La casa de las bellas durmientes
  • Autor: Yasunari Kawabata
  • Editorial: Austral
  • Lugar y año: 1961

 

 

Las proyecciones que genera el deseo físico pueden ser catalogadas como erotismo. El erotismo es por tanto no solo el aspecto sexual del acto amoroso sino también el aura corporal que los implicados sienten como consecuencia del presentimiento de que el deseo se consumará. Es el negativo de nuestro espacio vital, ese terreno que sentimos propio pero que realmente no ocupamos; las inmediaciones de nuestra presencia.

La casa de las bellas durmientes es una novela de Yasunari Kawabata catalogada como erótica por la crítica porque explora los deseos no consumados del viejo Eguchi. Eguchi es un hombre de sesenta y siete años que acude, recomendado por su también anciano amigo Kobi, a un prostíbulo en el que los viejos pagan por dormir con chicas narcotizadas. Allí son recibidos por una señora de mediana edad cuyo carácter riguroso e impenetrable vela por que las normas de la casa se cumplan: no se puede maltratar a las jóvenes vírgenes. Se supone que la vejez de los clientes es la mejor aliada para evitar que se incumplan las reglas, no obstante, Eguchi todavía no ha llegado a la edad en que la libido se pierde. Al tumbarse junto a las jóvenes desnudas se le despiertan recuerdos relacionados con las diferentes mujeres de su vida; madre, esposa, hijas y amantes. El relato de sus memorias transcurre con una lucidez formal que limita continuamente con el onirismo que invocan las olas del mar, el rojo de las cortinas de la estancia y el calor que irradian las mujeres.

Las descripciones de los cuerpos de las muchachas son meticulosas y sugestivas: las líneas de los labios, la textura de los pezones, el sabor del aliento. Los olores cobran un fuerte papel a la hora de desafiar la contención que Eguchi se impone para no violar a las jóvenes durmientes. El contraste entre su cuerpo decrépito con la belleza de sus acompañantes hace que le nazca una lujuria exacerbada por la pulsión de muerte. La vulnerabilidad de las jóvenes se presenta como una invitación al estrangulamiento en la mente de Eguchi, que contempla la finalidad del prostíbulo como un acto de piedad o lástima hacia los viejos. La clarividencia que el protagonista descubre en esas noches lo lleva a reflexionar sobre el sentido de la cultura y la civilización: ¿qué es un hombre de sesenta y siete años durmiendo al lado de una joven drogada? Se contesta: “Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana”.

Eguchi siente que con cada nueva visita a esa casa algo en él se entumece, pero no advierte este entumecimiento con remordimientos. Conoce con exactitud que su necesidad de experimentar las violentas emociones que se le desatan en compañía de las chicas va en aumento como también aumenta su deseo de yacer en ese estado tan cercano a la muerte que experimentan ellas gracias a las drogas. Le fascina asimismo el hecho de que cualquiera de los viejos pueda morir al lado de ellas sin que ninguno se percate de nada.

El lector, que al comienzo se cuestiona las visitas de Eguchi al prostíbulo, se vuelve cómplice del personaje pues acaba normalizando incluso sus sentimientos psicopáticos, mientras estos no trasgredan el plano de la imaginación. Es como si desde la lectura también se hubiera producido una aceptación de las normas de la casa:

Tal vez, engañado por la costumbre y el orden, nuestro sentido del mal se atrofiaba.

El lector, que al comienzo de la novela rechaza su supuesto carácter erótico avalado por la crítica porque considera repugnante la situación que plantea Kawabata, luego, engañado por la honestidad retórica del viejo hacia su vileza, comienza a sentir cierta empatía hacia las imágenes que el narrador proyecta desde los ojos del anciano. La peligrosidad de la situación  se encuentra opacada por la atmósfera de irrealidad que acoge el ritmo de la prosa y la rutina con la que se acepta el juego. Tras este proceso de mansedumbre, el final resulta por igual evidente y sorpresivo.

La casa de las bellas durmientes es un desafío moral al que Kawabata somete a sus lectores sin que ninguno salga indemne. 

Consigue el libro aquí

Raquel bio

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s