El libro de Rachel (sin Rachel)

Por Raquel Verdugo

 

  • Título: El libro de RachelAdobe Photoshop PDF
  • Autor: Martin Amis
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar y año: Barcelona, 1973 

 

 

 

 

Leí este libro porque mi nombre aparecía en el título y quizá también porque había una chica en la portada, con muchas papeletas de ser mi homónima, montada en un descapotable. Yo nunca he montado en un descapotable y aunque antes ni siquiera me lo había planteado me apeteció aceptar la invitación. Desgraciadamente, descubrí pronto que la portada poco tenía que ver con el libro y que el libro poco tenía que contar de Rachel, dado que en él solo hay cabida para un personaje: Charles Highway, el hermano británico del Alexander Portnoy de Philip Roth.

El protagonista de El libro de Rachel es un adolescente clasemediero que quiere ascender en la sociedad gracias a su intelectualidad prepotente y caprichosa. Su máxima aspiración es conseguir plaza en Oxford. Este objetivo lo ayuda a creerse superior a su vulgar familia. Como paso intermedio para lograrlo, considera que debería salir con una muchacha de la altura de sus pretensiones. Así encuentra a la dulce y estudiosa Rachel Noyes que, a su vez, está enrollada con DeForest, un estadounidense ricachón “parecido a un cronista deportivo de mediana edad”. A diferencia de Charles, DeForest no tiene granos ni la cara seborreica:

Aquella mañana, yo y mi grano nos habíamos identificado hasta formar un solo ser indivisible. Por su aspecto, cualquiera hubiera dicho que acababan de transplantarme quirúrgicamente una nuez en el mentón.

Para conquistar a Rachel, Charles pone en marcha numerosos planes detallados en su diario, el llamado “libro de Rachel”. En él desarrolla estrategias orientadas a juzgar el carácter y los gustos de ella para anticiparse y fingir el mismo entusiasmo: “El rock blando y el ocultismo legañoso” propio de la etapa intermedia de Los Beatles , artículos de revistas culturales pretenciosos o películas francesas que detesta. Por Rachel también renuncia a sus hábitos más delicados como tomar somníferos en compañía de su mejor amigo Geoffrey, expulsar esputos en el lavabo, toser con desenfreno y abandonarse a una hipocondría relacionada con posibles enfermedades venéreas:

Mientras los antibióticos regaran mis genitales, otras bacterias, las bacterias mentales, estarían formando ya nuevos ejércitos. Seguro que me saldría alguna otra cosa que acabaría pronto conmigo.

La atracción que mantiene por Rachel se sustenta en la poca información que recaba sobre ella. Para conseguir su cariño hace discursos en los que defiende que “el afecto es acumulativo” y no una cuestión meramente química. No obstante, desentrañar a Rachel es inversamente proporcional a conservar el interés en su persona. El misterio es la única fórmula viable para atesorar las expectativas que ha depositado en conocerla. Por este motivo Charles ocupa una posición ambigua respecto a las mujeres de su vida. Defiende íntimamente a su madre y hermana frente a la tiranía de sus maridos, pero no se inmiscuye en sus verdaderos sentimientos por considerarlas simples y no merecedoras de su inteligencia. De modo que Charles rechaza los comportamientos de los tipos que lo rodean, pero a su vez los reproduce porque desea pertenecer. Lo que le ocurre es que prefiere trabajar sobre la estética que acercarse al fondo, tanto en sus relaciones privadas como con los textos que lee. Con esta estrategia espera convertirse pronto, cuando cumpla veinte años, en un intelectual:

Los veinte son, naturalmente, la frontera decisiva. Los dieciséis, dieciocho, veintiuno no son más que mojones arbitrarios que solo te permiten ser detenido por evasión de impuestos, contraer matrimonio, ser sodomizado, ejecutado, y así sucesivamente: cosas exteriores. Naturalmente, yo evito como la peste doctrinas tales como la que dicen que ‘somos jóvenes mientras nos sentimos jóvenes’, la cual ha sido sin duda alguna causa de que tantos elegantes cincuentones hayan caído muertos en sus monos deportivos.

Amis construye en esta novela iniciática a un personaje desagradable en la misma medida que carismático, y nos hace sentirnos identificados, salvando las distancias, a los que tuvimos una adolescencia complicada en los altibajos egomaniacos de la creación y el entusiasmo por la literatura. En esa veleta cotidiana entre clasificarse dios o alimaña, genial o idiota, Charles Highway encuentra que su camino para acercarse a la literatura es tergiversándola bajo las proyecciones de sí mismo.

El Libro de Rachel, sin Rachel, o con muy poco de Rachel, también puede leerse como una frustrada carta al padre, o como una novela en la que un joven perfecciona su tendencia al odio escribiendo a la manera de Holden Caulfield pero dejando a un lado la elegancia cínica  y apostando por el cinismo escatológico. Este subgénero combina la verborrea prosística con una honestidad crónica que hace de El libro de Rachel un ejemplo excelente de novela de “contraparendizaje”, puesto que, conforme encuentra lo que más desea, el aspirante a escritor se da cuenta de su falta de voluntad para conservarlo. 

 

Raquel bio

 

 

 

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