NEUROSIS PORTEÑA

Por Aitor Romero Ortega

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  • Título: Neuros Aires
  • Autor: Marc Caellas
  • Editorial: Libros del Zorzal
  • Lugar y Año: Barcelona, 2020

 

 

 

A todos los trabajadores de Jameson

Al final de su libro Marc Caellas se sirve de la voz de Salvador Pániker para afirmar que uno no tiene que acomodarse al tema, sino al revés, es el tema el que tiene que acomodarse a uno. Esa frase que cierra el libro, a modo casi de corolario o iluminación, me ha recordado a otra de Jean Genet en la que se dice que el artista no debe contar la vida tal y como la ha vivido, sino más bien vivirla tal y como la va a contar. Se trata de una idea clásica de la vanguardia: la vieja aspiración de convertir en material artístico la propia vida, hasta alcanzar ese ideal en que autor y obra sean una misma cosa. Y en esa pelea por ser absolutamente moderno y reinventar el amor está de alguna forma enredado Marc Caellas, un hombre de teatro, perfomer literario y flanêur, un escritor felizmente anómalo, que parece reunir en su forma de entender la vida y la escritura la misma actitud desprendida de esa ya mítica sociedad Shandy, de cuya existencia tuvimos por primera vez noticia en Historia abreviada de la literatura portátil, del muy admirado, también por Caellas, Enrique Vila-Matas.

Caellas ha ido armando con los años un proyecto muy coherente de libros sobre su experiencia en varias ciudades que se engarzan a la perfección con su propia vida, y donde recoge sus peripecias vitales y artísticas en ciudades en las que vivió y que, de una u otra manera, amó. Gracias a este proyecto se ha ido convirtiendo por el camino en uno de los más geniales tituladores de la literatura contemporánea en castellano. En ese sentido, podríamos decir que Caellas es un esprínter, un boxeador que gana siempre por nocaut en el primer asalto. Y es cierto que sus títulos tienen algo de juego semántico o aforístico, o incluso de fulgurantes poemas conceptuales. Empezó escribiendo sobre su ciudad natal, con Carcelona, y continuó con su alocada aventura venezolana en Caracaos, después se fue a Colombia con Drogotá y ahora nos viene a contar su inmersión porteña en el libro que nos ocupa, Neuros Aires.

Al leer atentamente Neuros Aires tiene uno la impresión de que, en efecto, Caellas es uno de esos escasos escritores actuales que se han aproximado con verdadero interés al arte contemporáneo, colándose por esa grieta de experimentación constante (también vital, como se ha dicho, sobre todo vital) en la que el texto es el resultado último de un extenso proceso, como si el libro fuese la performance final que solo tiene lugar tras una larga sucesión de experiencias, conocimiento y reflexión en las ciudades sobre las que se escribe. Diría que Caellas (y en eso se parece más a un artista contemporáneo que a un escritor) tiene una curiosidad sincera, una actitud que se sitúa en el punto medio entre la inocencia y el escepticismo. Prefiere aprender de la vida antes que enseñar sobre ella, lo que es, por supuesto, un rasgo de inteligencia. Visto así, no sorprende que un libro como Neuros Aires esté construido por medio del procedimiento de montaje de materiales diversos (incluidas las apropiaciones de textos de otros), alineados con gran tino para amplificar sus significados y terminar presentando un conjunto. Se trata de una técnica habitual en el cine y en el arte contemporáneo, que fue introducida en la literatura precisamente por las vanguardias de las que Caellas parece descender. Recuerda, en ese sentido, a otros libros sobre ciudades elaborados desde esos mismos presupuestos estéticos de la yuxtaposición, como Juegos reunidos, de Marcos Ordóñez, el lamentablemente hoy día inencontrable Desde la ciudad nerviosa, de Enrique Vila-Matas o Barcelona inconclusa, de Laureano Debat, argentino afincado en Barcelona, que parece actuar como imagen especular de Caellas, catalán en Argentina, y en general en las Américas, como una suerte de indiano posmoderno.

Estructurado alrededor de la obsesión porteña por el psicoanálisis, el narrador, un trasunto de Caellas, va contando la ciudad, primero por barrios, sin ambición enciclopédica, sino más bien con la mirada limpia de las mejores iluminaciones poéticas. Neuros Aires es la única ciudad del mundo que a los peregrinos los consuela la nostalgia, escribe por ejemplo al principio, en el texto de apertura. En estos recorridos urbanos en los que en realidad Caellas nos va contando con una morosidad deliciosa su propia vida en la ciudad argentina, el texto dialoga de forma muy pertinente con otros autores que han escrito sobre la idea de la ciudad como experiencia sensual e íntima. Aparecen citas de Paul B. Preciado, de Vivian Gornick, de W. Benjamin, naturalmente de Borges y de Piglia, del propio Freud, con motivo de la neurosis porteña. Y se alude una y otra vez a la afición desmedida de los bonaerenses por la conversación, los únicos latinoamericanos que se divierten sentados, como escribe Caellas en otro punto del libro, en la cita más repetida hasta ahora, otra de sus iluminaciones geniales. Y se logra una mezcla bastante convincente de crónica urbana, autobiografía y ensayo, donde narración y reflexión se potencian más que se estorban, alternándose con agilidad, y situando al libro en la gramática contemporánea de lo híbrido.

Mención especial merecen los textos que se centran en la literatura y el teatro, donde Caellas narra, a modo de making off, cómo concibió y montó sus propios proyectos teatrales, tan alejados de la noción de teatro convencional, y, por tanto, de las dramaturgias tradicionales, y al borde del happening literario. Entre estos textos se cuenta también la performance organizada por Caellas y sus colaboradores Esteban Feune y Juan José Mendoza, cuando en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA) le fue concedido a título póstumo el premio Nobel de literatura a Jorge Luis Borges, en un show que llegó incluso a tener cierto eco mediático a nivel internacional hasta convertirse en fake news. Aunque quizá de entre estas las páginas más valiosas sean las que narran la concepción y montaje de su proyecto teatral Entrevistas breves con escritores repulsivos, basada en el libro de David Foster Wallace, y en el que de nuevo lo que se cuenta en realidad es un trozo de la vida bohemia de Caellas en Buenos Aires, atravesada por ese proyecto que se iba armando con una mezcla de voluntad y casualidad, sin por ello renunciar a la reflexión escénica o literaria.

A mitad del libro, tal vez la pieza que goza de mayor autonomía dentro del conjunto, encontramos “Tierra Santa en Nueros Aires”. Se trata de una crónica gonzo de la visita de Caellas a una especie de parque de atracciones católico, decadente e increíble, que se encuentra muy cerca del aeropuerto de Buenos Aires. En dicho texto (publicado con anterioridad en Altaïr Magazine) podemos ver al Caellas más puramente cronista, aquel que parece continuar la tradición de periodismo gonzo que reinventó Foster Wallace a partir de su ya mítico “Algo supuestamente divertido que nunca volveré hacer”, y que supuso un decidido giro de timón a ese subgénero que Hunter S. Thompson se sacó de la manga. El Caellas que aquí encontramos, brillante en el pensamiento lateral y en el humor tangencial, como cuando se aparta del grupo de visitantes para preguntarle a un extra disfrazado de romano si le gusta su trabajo, parece también emparentado con Paco Inclán, otro de esos fantásticos prosistas actuales que han encontrado en la crónica gonzo un nuevo género narrativo para buscar la verdad adentrándose en los minúsculos pliegues absurdos de la realidad. Debo confesar que hacía meses que no me reía tanto con un libro.

A veces, en este permanente circo de las vanidades que es la literatura, uno tiene la impresión de que autores como Caellas ya han ganado, porque han encontrado en la ligereza una forma profunda de sabiduría. Y porque, como muestra de generosidad, ponen su yo al servicio del conjunto para hablar de los demás y conectarlos, como un catalizador químico, como una suerte de puente que conecta islas aparentemente muy alejadas. De eso nos habla este libro: de un tiempo y de un lugar, y de una forma de vida (la literatura) que sigue en pie, con toda su precariedad, y que pese a las múltiples mezquindades adquiere a veces la forma de la amistad.

Durante un tiempo en Nueva York, cuando alguien fumaba en el interior de un coche en actitud reflexiva, se decía que era Chet Baker pensando en su arte. Si un día ven a lo lejos a uno de esos flanêurs que recorren la ciudad a pie (cualquier ciudad) con una actitud levemente distinta a todos los demás peatones, no dejen de pensar que tal vez pueda ser Marc Caellas que va componiendo su próximo libro mientras anda.

 

Encuentra el libro aquí

Bio Aitor Romero

 

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