El paraíso perdido de Fernanda Melchor

POR CARLOS JÁUREGUI

TÍTULO: PÁRADAIS

AUTORA: FERNANDA MELCHOR

EDITORIAL Y AÑO: RANDOM HOUSE, 2021

Sorprende que, en la última novela de la autora veracruzana de moda, la tensión se descubra pasando la página setenta, ya bien entrada en la lectura; y que la línea narrativa utilizada en sus obras anteriores (como Aquí no es Miami y Temporada de Huracanes) se repita a tal grado que deje una sensación amarga de deja vu.

Paradais: Melchor, Fernanda: Amazon.com.mx: Libros

En Páradais (2021) Fernanda Melchor insiste en presentarnos todas las formas de violencia (verbal, psicológica, de género y sexual) que convergen dentro de dos familias dispares en un elegante conjunto residencial de su natal estado.

Dentro de la misma burbuja que es Páradais, en donde se mezclan pero no interactúan entre sí los que están para mandar y los que están para servir –como es tan común en México–, la soledad y la desidia juntan a Polo y a Franco Andrade, quienes maquilan un plan fallido para paliar sus respectivas condiciones de pobre y virgen de un solo golpe: el primero, un adolescente sin futuro, abusado por todos y condenado a repetir la historia criminal familiar y el segundo, un millenial inútil cuya única función en el mundo parecería ser el respirar y el masturbarse con la imagen de la vecina. El ejercicio social de Melchor es válido, pero queda muy corto en cuanto a trama y complejidad.   

A raíz de presentarnos en Temporada de Huracanes un cuadro tan trágico y atinado del México actual, tan plagado de vicios, de violencia y clasismo, la autora se convirtió de la noche a la mañana en la voz femenina por excelencia que exhibió la actualidad horrenda de un país que está roto: una sociedad tan deshilada y opuesta en los extremos, que difícilmente se podría pensar como una misma.

Las comparaciones no son buenas, pero para aquellos que estamos en constante pesquisa de literatura de calidad –cual gambusinos o pepenadores buscando tesoros entre toneladas de basura–, es frustrante ver cómo la maquinaria editorial y marketera, tan análoga a la industria de la música o de cualquier otro arte, explota y sobreexpone autores a tal grado que se convierten en solo un one hit wonder y difícilmente repiten la hazaña. 

En Páradais, Melchor desaprovecha una inmejorable oportunidad de ir más allá de contarnos una cruenta historia, verdaderamente punzar y desmenuzar de fondo el sistema social actual que mezcla un racismo violento y velado, con un sistema clasista de recompensa que revalora y distingue “al que tiene y al que no”. Ya fuera por medio de la incompatibilidad de vida o de la descomposición social; pero en vez de eso, la autora nos muestra a los pobres como inocentes y carentes de malicia –siguiendo el mito de el buen salvaje– y a ricos que son idiotas, incapaces de generar empatía o cualquier otro sentimiento. 

No hay reparo alguno en reconocer el talento de Melchor, ni su altísimo dominio del lenguaje mexicano, y lo puro en su voz y estilo, pues es capaz de pintarnos un cuadro de pobreza tal que raya en completa desolación; pero en Páradais se evidencia la obvia falta de roce y desconocimiento de las formas de aquellos “quienes lo tienen todo”; donde a lo largo de la historia se recae en un simplismo tan “Televiso” que se refleja en los diálogos así como en la descripción de los personajes: desde los principales hasta los extras terminan por ser acartonados y unidimensionales, no generan interés alguno; pintando a “las señoras bien” como simpes robots de Stepford Wifes, incapaces de generar un pensamiento propio. Desde los nombres hasta las descripciones del “césped inglés” que recubre la totalidad del lujoso conjunto se lee montado e irrelevante.      

No hay peor autor que aquel que se repite. La voz propia del que escribe siempre será defendible, al igual que lo es acusar un problema tan enraizado y viscoso como lo es la desigualdad y pobreza en México; pero Fernanda Melchor cae en la trampa de a quien le exigen más de lo mismo con Páradais: extremar e insistir en la violencia, mostrárnosla cruda y verdadera como es, tiene su valía; pero repetir las fórmulas es algo para autores de best-sellers de aeropuertos.

En la obra, elementos tales como el bucolismo veracruzano, el incesto y el alcoholismo, las leyendas antiguas, la tragedia de aquellos que son el último eslabón del narco, y el determinismo permanente que marca a los personajes aparece una y otra vez, repitiéndose y entregando una historia lineal sin mucho fondo, en donde el final se olfatea desde muy pronto, haciendo que la historia se resuma en una ida y vuelta de insultos adolescentes altisonantes y mórbidas referencias al narco:    

“Le llevaría la Grand Cherokee y todas las cosas que metiera dentro, le ofrecería la vida del gordo pendejo si hacía falta; su familia tenía un chingo de dinero y “aquellos” podrían pedir un jugoso rescate por el chamaco…ya luego él vería cómo zafarse, pa dónde pelarse.”

Con Temporada de Huracanes, personalmente defendí a muerte el fuerte lenguaje de la jarocha en la obra porque era necesario y sustentaba una gran historia. Tanto en Aquí no es Miami como en Páradais, Melchor se queda muy corta, y su habilidad para el lenguaje y para describir crudeza social no la salva. Deberá tomarse muy en serio y con mucha calma su siguiente entrega, para evitar quedarse en la nefasta e interminable lista de aquellos tantos autores “que prometían”.

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