He aquí un amigo

“Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas.También conocí a un hombre que mató a otro hombre y a uno que se ahorcó. Sólo es una cuestión de edad. Todo eso me ha sucedido en una vida en general muy tranquila”.

Los dominios del Dios blanco

Una arriesgada propuesta para aceptar sin complejos aquello que somos y nos repugna y horroriza pero que, paradójicamente, nos atrae.

Relaciones consumistas

En la narrativa española contemporánea existen pocos ataques tan frontales contra el consumismo como el que propone Sara Mesa.

La infancia indeseada

Barba se ha sacudido tanta cursilería de encima y se ha alarmado, en cambio, al atisbar el abanico de sus potencialidades más viles.

Romperle la nariz al padre

Muy a menudo los monstruos paternos acaban —contra su voluntad— moldeando a geniales escritores. Acaso toda narrativa brutalmente honesta brote de la obsesión y de la pérdida.

Corrido vilamatiano

Al escritor amado hay que publicitarlo, recomendarlo, ser una miss o mister Amazon en potencia, regalarlo, leerlo en voz alta con la persona querida, citarlo, llevar sus libros de paseo, dejarlos expuestos en inverosímiles rincones.

La descomposición del yo

Abdó consigue a lo largo de doscientas páginas que el lector encarne la dolorosa existencia del poeta austriaco Georg Trakl.

La consagración de la memoria

Los aficionados a la música la disfrutamos más que los grandes compositores, ya que entre ellos –Ravel, Debussy, Rimski-Kórsakov, Schoemberg– no se soportaban.

El magnetismo checo

Gracias a la pluma de Hrabal no sólo llegamos a entender a este antihéroe moderno, sino a amarlo, a querer quedar con Jan para que nos explique su historia una y otra vez, a viva voz.

El último lector de Umbral

Soy umbraliano confeso, casi hooligan, comulgo con su personalidad literaria excesiva: tan sobrado iba que se inventó su propio género literario.

Querida Chris

¿Por qué depositar en un hombre, que además representa a todos los penes, tu particular idea de la salvación?

Bienvenido a la Nostalgia

El tiempo le dará su correspondiente lugar a Mircea Cărtărescu como un maniaco atrincherado en la sinestesia que gravita en sus renglones.

Una novela perfecta

Rabia es de una perfección irritante. Incluso los pequeños deslices reafirman una obra prodigiosa que tiene lo mismo de Kafka que de Italo Calvino…