¿Por qué dejar de hacer lo que sea que estés haciendo y leer cuanto antes a Cristina Morales?

Por Miguel Blasco

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  • Título: Lectura fácil
  • Autora: Cristina Morales
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar y año: Barcelona, 2018 (Premio Herralde de novela)

 

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Lituania después de la URSS

Por Juan Lozano Felices

 

  • Título: El cielo de Kaunas
  • Autor: Jesús Zomeño
  • Editorial: Contrabando
  • Lugar y año: Valencia, 2018

 

Hace poco más de un mes que podemos encontrar en la mesa de novedades de las librerías, la novela de Jesús Zomeño “El cielo de Kaunas” editada por la editorial Contrabando. En actual panorama literario español, donde navegamos constantemente entre las procelosas aguas de la divergencia, la confusión y el desconcierto, la valenciana Contrabando constituye una de las propuestas más selectivas y sugestivas, y uno hará bien en seguir de cerca su creciente catálogo.

Para su autor, “El cielo de Kaunas” marca un punto de inflexión en su ya dilatada trayectoria literaria que abarca más de tres décadas. Tras haber dejado formalmente la poesía con “Un libro llamado 34 poemas” (Diarios de Helena, 2001), durante algo más de quince años Jesús nos ha legado un corpus narrativo de primer orden, con libros de relatos como “Lengua azul” (Sloper, 2008), “Cerillas mojadas” (Denes, 2012), “Piedras Negras” (Lengua de Trapo, 2014), “De este pan y de esta guerra” (Contrabando, 2016) “Querido miedo” (Sloper, 2016) y “Guerra y pan” (Contrabando, 2017). Ahora cambia de tercio y nos ofrece una novela. Esto, evidentemente, no ha ocurrido de la noche a la mañana. Ha entrañado un proceso mucho más complejo que voy a intentar establecer con una sucinta cronología.

Todo comenzó en el verano de 2015, cuando Jesús Zomeño me dijo que se iba de viaje a Kaunas. Yo no había oído hablar de esa ciudad y Lituania sólo era, para mí, un país báltico que no hubiera sabido situar correctamente en el mapa, igual que si me hubiesen hablado de la tintinesca Syldavia. Yo ese verano estuve en Roma y, a la vuelta quedamos para hablar de nuestras experiencias estivales. No hace al caso la mía ahora. Durante su estancia en Kaunas, Jesús se había alojado en un hotel llamado Santakos, situado en un punto que conecta el centro moderno con el casco antiguo de la ciudad, famoso por sus excelentes muestras del Barroco tardío. Un hotel, según me dijo,  anticuado pero cómodo y tranquilo, donde estuvo perfilando los cuentos de “Querido miedo” para su publicación. Si uno hace una consulta en el Google Maps, tomando como referencia el hotel Santakos, comprobará que, en un radio de no más de quince minutos encontramos el Gran Museo de la Guerra,  la Alameda de la Libertad,  la isla Nemunas, el Museo del Diablo o un restaurante llamado “Bella Italia” en la calle Daukanto.  Antes de que alguien pueda confundir este texto con una guía turística, debo decir que los lugares citados son los que frecuentó Jesús durante su estancia en Kaunas y luego incorpora a su novela, convirtiéndolos en un itinerario sentimental y vital, como si fueran las arterias y las venas por donde circula la narración y le infunde vida. Quizás sea exagerado decir que alguien pudiera visitar Kaunas con el solo apoyo de la novela de Jesús, pero si uno decide viajar a la ciudad báltica (yo tengo pendiente mi visita) haría bien en llevar la novela consigo y recorrer los lugares que aparecen en ella. Incluso, podrá uno detenerse en el quiosco, que en la novela regenta Pilypas, y comprar un periódico.

Durante ese otoño de 2015, Jesús comienza, por primera vez, a hablar de que está enfrascado en una novela con cierto aire noir. No me extrañó, era la evolución natural de su narrativa, ya anunciada en unos cuentos que escribió tras tener fijado el corpus de “Querido miedo” y que, al final, han quedado inéditos. En octubre de 2015,  en un diario comenzado por esas fechas y que no continué, hice la siguiente anotación:

Jesús sigue con su novela y quiere volver a Kaunas para terminarla. Como sabe que no puede ser, va a hacer que el protagonista de su novela viaje a esa ciudad y se refugie en el mismo hotel donde él estuvo este verano.

La novela fue terminada en dos meses y, tras una apresurada corrección, pone el punto y final. Era el 31 de octubre de 2015, lo recuerda porque era el último día de plazo para remitirla a un premio literario. No obtuvo ningún resultado, tampoco lo esperaba.

Esa primera novela había servido como banco de pruebas para emprender otro proyecto de mayor envergadura y cuyas líneas maestras ya tiene más o menos claras. El 1 de noviembre da comienzo a su segunda novela, que luego titulará “El cielo de Kaunas”, y donde el mismo protagonista de la primera, un atípico inspector de policía del que no conocemos su nombre, viajará a Kaunas sólo con el propósito de visitar un par de cabinas de teléfono en la calle Vilnius, sólo porque su amante asesinada era de allí y creía haberla reconocido a través del Google Street View, pasando por delante de aquellas cabinas, aunque eso fuera antes de conocerla. Irá a Kaunas, como quien persigue un rayo de luna, que es lo que le dice Paco,  su compañero en la Jefatura.

El año 2016 será el annus mirabilis de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita en febrero su libro “De este pan y de esta guerra”, conformado por relatos nuevos que había escrito tras publicar “Piedras Negras” y otros, incompletos entonces o a partir de esbozos, que el tiempo le había permitido retomar y concluir con mejor perspectiva. Tras el verano de 2016, la editorial mallorquina Sloper editaría “Querido miedo”  donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los ochenta.  Ambos libros aparecen, entre otros, en 2017 como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana y el galardón se lo lleva “De este pan y de esta guerra”. Luego, en octubre de 2017, aún vendrá “Guerra y pan” que, en principio iba a ser una separata de tres o cuatro cuentos destinada como regalo, tras el premio, a los compradores del libro y que termina siendo un libro con plena autonomía e integrado como tal en el catálogo de Ediciones Contrabando.

Pero durante ese ajetreado año, Jesús no ha dejado de trabajar en su novela. Me habló  que, una vez encontrada la voz y el ritmo, la novela era más lineal y no requería la tensión y concentración del cuento. Según lo entendí era algo así como si uno pusiera el piloto automático. Pero sospecho que, lo que resultaba tan practicable para Jesús, para otros hubiera sido un Himalaya inalcanzable. Para Jesús, todo era cuestión de disciplina, de cenar ligero, acostarse pronto y poner el despertador para levantarse siendo aún noche cerrada. Prepararse una taza humeante de café con leche y arrancar el ordenador portátil, colocado sobre la mesa de la cocina. Una de sus herramientas, cuyo uso comparte con el protagonista de su novela, es el Google Street View, situándolo en las calles de Kaunas. No voy a desvelar nada más acerca de la trastienda de Jesús como escritor. Lo importante es el resultado, y éste es portentoso.

En el agosto de 2016, diez meses después de haber comenzado, Jesús termina una primera versión completa de lo que entonces solo es “la novela de Kaunas”. Todo el 2017 lo ocupan las correcciones, casi frase a frase. Mientras que, para algunos autores,  la idea es la raíz del proceso creativo y para otros el párrafo, Jesús Zomeño tiene en la frase la unidad que vertebra su escritura. En mayo de 2017, la novela tiene el título de “El diario de Kaunas” hasta que, en algún momento de ese verano comienza a hablar de la novela ya con el título definitivo de “El cielo de Kaunas”.  A partir de ese momento y hasta el verano de 2018 vendrá una última fase de pulidos y detalles donde, además, se añadieron los títulos de cada una de las partes, escribió el preámbulo y la editorial trabajó en el diseño. La magnífica portada se debe a Carlos Michel Fuentes y también contiene una ilustración interior debida al artista madrileño Raúl, colaborador en los años ochenta en publicaciones como Cairo, Madriz o Complot. El montaje de Raúl, que alguna vez se valoró como portada, está ubicado al final y es fruto de una concienzuda lectura de la novela, ofreciendo detalles y guiños que harán las delicias de los lectores de “El cielo de Kaunas”.

Jesús Zomeño nos muestra la vida tras el desmoronamiento del comunismo en la Europa del Este y, consecuentemente el final del modelo soviético. El mundo interior de los personajes, intentando adaptarse a otro modelo en crisis, el neoliberal, deviene un caos donde la nostalgia será la información que las terminaciones nerviosas están mandando de forma continua al cerebro. Jesús ha escrito una especie de Estación Termino del socialismo real. Y lo hace por medio de alegorías y de historias pobladas de unas criaturas que huyen continuamente para seguir tan perdidos como al principio: el francotirador,  los personajes convulsos de la segunda parte;  el propio inspector de policía…El eje conceptual de la novela, tal como yo lo veo, es la huida y la incomunicación. Los personajes moldean su visión del mundo mediante la huida, huyen del sufrimiento, del terror, de la tristeza, de los pecados del pasado y de su propia expiación, de las represalias, del miedo al futuro… El título es ambivalente. Hace referencia a las condiciones climáticas hostiles y el cielo bajo y plomizo, como amenaza, sobre los personajes. Pero también refiere al techo pintado de nubes de la habitación de los niños (el cielo protector), en la casa donde el francotirador sin nombre pasó su infancia y donde se desencadena la tragedia.

Alguna vez he dicho, utilizando un símil cinematográfico,  que Jesús Zomeño  es un escritor que utiliza el zoom o el travelling de forma absolutamente lúcida; es decir, lleva la eficacia narrativa de los movimientos de la cámara a su literatura. Sus patrones narrativos no han cambiado desde “Piedras Negras” o “De este pan y de esta guerra”. Si fuera un realizador Jesús no sería Visconti ni John Ford, descubriendo grandes espacios. Probablemente sería el Hitchcock de “La ventana indiscreta” o tal vez Orson Welles, un ilusionista del cine con sus ángulos oscuros, sus contrapicados, componiendo afinadamente cada elemento de la escena y con sus poderosas imágenes que devienen símbolos. Quizás al intentar yo fusionar dos lenguajes distintos,  esté planteando problemas de orden semiológico y estético. Admitámoslo si quiera metafóricamente, para explicar lo que quiero decir. Un ejemplo, en cada escena del francotirador, eligiendo cuidadosamente a su víctima y preparándose para disparar, la cámara se acerca en un zoom. Cambia incluso el foco. Pasando del narrador omnisciente  a un monologo interior, nos ubica directamente en los pensamientos del asesino. El tempo se ralentiza y el autor hace un recorrido para que nos fijemos en todos los elementos de la escena, desde el control de la respiración hasta la caricia del gatillo y por fin la presión del disparo.

A través de la estructura tripartita de “El cielo de Kaunas” y con la precisión de un artesanal relojero, Jesús va montando un engranaje perfecto, donde todo encaja al final. O también es posible que esté desmontando el mecanismo, que la narración sea una deconstrucción y al final tengamos las piezas esparcidas sobre la mesa para que sea el propio lector el que las monte.

 

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Bio Juan Carlos Lozano (1)

El último lector de Umbral

Por Santiago Isla

 

  • Título: Diario de un noctámbulo
  • Autor: Francisco Umbral
  • Editorial: Planeta
  • Lugar y Año: Madrid, 2015

 

Diario de un noctámbulo fue una publicación post-mortem, lanzada al mundo en el año 2015, con don Francisco tieso y cogiendo polvo en la memoria colectiva. Es una recopilación de textos que escribió y locutó para radios de León entre los años 1958 y 1961, cuando no era más que un plumilla de provincias, sin la fascinación ni la agresividad de su llegada a Madrid unos años más tarde. Apenas son imágenes sueltas, pequeñas escenas, dos o tres pinceladas de un secreto que se narra en voz baja, ya de noche, a través de las ondas.

A mí me alegró mucho su publicación. Soy umbraliano confeso, casi hooligan, enamorado del personaje en un sentido abstracto, un poco distante del físico por lo que de snob y desagradable tiene. Comulgo con su personalidad literaria excesiva: tan sobrado iba que se inventó su propio género, en el que no importan ni los personajes ni las tramas ni los diálogos ni nada, únicamente Umbral, Umbral sentado en su salón escribiendo y haciendo apología del estilo, único hecho notable en su literatura.

Como él mismo decía: “El argumento de mis libros soy yo”.

Y en estos textos breves, Umbral nos muestra su visión del mundo, usando como excusa a Elvis, a Delibes o a la Loren, desplegando un universo genial de adjetivos flotantes y ritmo desaforado. Nadie escapa de su voracidad, ni el jardinero ni la guitarra española. Todo tiene ese rubor de poeta enmascarado, de lirismo a duras penas contenido por la prosa. Umbral, todavía impoluto, sin mácula política ni columna diaria de capitel corintio, sin enfrentarse al mundo, incluso en sintonía con él, descubriéndonos que Sophia es una mujer etrusca o Machado un andaluz castellanizado.

A la hora de escribir, recurro mucho a este libro. Es una enorme greguería. Cada frase tiene una arquitectura personal tan compleja que a mí me alivia el peso de la mía. Y él, que fue tan seco, escribe como si estuviera enamorado. Estos textos están cargados de pasión, de curiosidad y deseo: parece que el escritor estuviera descubriendo el mundo según lo compone. Hay una fuente de alivio para los que no tenemos los dedos tan intensos.

Por eso lo reivindico aquí. Me da pena pensar en cómo está Umbral ahora. ¿Quién lee a Umbral? Es lógico que un hombre tan sumergido en la actualidad desapareciera con su muerte. Su estilo tan intrincado y personal lo hacía prácticamente intraducible, por lo que está todavía más muerto fuera de España que dentro. Yo reivindico ese cadáver como obra viva y gigante de la literatura. Al viejo snob, al padre de un niño muerto y al locutor de provincias. Al hombre duro, necesitado siempre de palabras y dinero, jetsetter pobre y malhumorado. Al noctámbulo que, durante unos años, acompañó las heladas de León iluminando el frío con su voz de barítono en las ondas.

 

Santiago Isla bio

Las costuras de la banalidad

Por Raquel Verdugo

 

  • Título: La plaza del Diamante
  • Autor: Mercè Rodoreda 
  • Editorial: Edhasa
  • Lugar y Año: Barcelona, 2009

 

La plaza del Diamante retrata la Barcelona republicana, los años de guerra y la dictadura a través de la mirada de una mujer joven. Mercè Rodoreda fue testigo de los tiempos que relata y quizá por ello encuentra la voz exacta para el personaje protagónico. Equilibrada entre la ingenuidad y la astucia, “la Natalia” describe la realidad con palabras pequeñas. Las repeticiones, las inflexiones orales, el leísmo y, sobre todo, las circunstancias recogen el pálpito de un pueblo vivo.

El lenguaje está tan bien trabajado que parece espontáneo. La charla de las señoras que durante un parto dicen del ombligo: “Antes de nacer somos como peras: todos hemos estado colgados de esta cuerda”. Las descripciones se centran en los objetos cotidianos para darles un nuevo significado. Un simple embudo, una cinta atada al pomo de una puerta, una cama de latón se revelan como símbolos de la desesperación.

La acción es silenciosa y se teje en instantes que, sin saberlo, acaban determinando el cauce de una vida. La continua sucesión de acontecimientos resulta, a veces, de una crueldad insoportable, porque ninguna acción destaca sobre otra, pero en conjunto crean un mapa de derrotas íntimas.

La plaza del Diamante dibuja el camino por el que se van dejando las vidas que ya no nos pertenecen. Las recordamos con la extrañeza de quien atestigua una ficción y piensa que el mundo no es más que una serie de sensaciones abrochadas por la memoria. “La Natalia” pasea por la calle Mayor y descubre en el recorrido del tranvía cómo se le ha ido la juventud. El libro contrapone la incertidumbre del devenir con la aparente perdurabilidad de los tiempos presentes.

En el escaparate de una tienda, “la Natalia” observa unas muñecas sin ser consciente de que pronto todo su mundo desaparecerá tal como lo conoce: “Las muñecas siempre allí, con la cara de porcelana y la carne de pasta, al lado de los zorros para el polvo, de los sacudidores, de las gamuzas de piel y de las gamuzas imitación de la piel: todo en la casa de los hules”.

En cierta medida, la novela es un manifiesto contra los grandes giros argumentales y el relato hollywoodense. Provoca incomodad lo mucho que se parece a la vida. Secretamente despierta el deseo de que la realidad estalle o se agite, el anhelo de que un superhéroe rescate a los personajes del ahogo de su insignificancia. Pero lo más que Rodoreda admite es un grito en mitad de la plaza del Diamante.

Pocos relatos resultan conmovedores y dolorosos sin perder la ternura ni caer en efectismos dramáticos. Los escritores que sobrevivieron a una guerra no tienen que recurrir a la violencia para retratar la condición humana, porque saben que para encontrarla basta con mirar en las costuras de la banalidad.

 

Raquel bio

Principio de extinción

Por Julieta Granada

  • Título: Rendición
  • Autor: Ray Loriga
  • Editorial: Alfaguara
  • Lugar y Año: Madrid, 2017 (Premio Alfaguara)

 

Ray Loriga es un autor que suscita opiniones discordantes. Hay quien aplaude su obra y lo acompaña, identificado con la llamada Generación X, desde la publicación de sus primeros escritos. Hay quien desdeña su onírico realismo sucio y reniega del encumbramiento que le ha dado la crítica.

En 2017 su novela Rendición ganó el premio Alfaguara y el galardón lo concilió con un sector del canon del que antes estaba distanciado. El jurado, presidido por Elena Poniatowska, premió “una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva”. Muchos se sorprendieron cuando una escritora consolidada tan diferente a Loriga encumbraba con su crítica una novela de ciencia ficción.

La novela de Loriga se distingue sin mayor escrutinio de las obras premiadas por Alfaguara en los años anteriores. Junto con El viajero del siglo de Andrés Neuman (en mi opinión la mejor novela que ha merecido este premio) destaca por una perspectiva fresca, una estructura sencilla y una prosa ajena a adornos y florituras.

En ocasiones, la prosa de Loriga, de tan sencilla, peca de malhecha. Las ambigüedades, los lugares comunes, la vaguedad descriptiva aflige a un libro que pudo ser grandioso pero es, a secas, bueno. Cabe mencionar que, al tratarse de una narración en primera persona contada por un hombre poco estudiado, esta impericia le da verosimilitud a la voz que construye el relato. No obstante, por el mismo hecho de tratarse de un hombre de campo, la novela desaprovecha la oportunidad de apropiarse de locuciones bucólicas, narrativa oral y leyendas que sólo se producen en una vida armonizada con la tierra y el cultivo.

El acierto de esta novela no radica en el nombramiento de las cosas, ni en las cosas en sí, sino en la premisa. ¿Y cuál es la premisa de Rendición? El final de una era, la resignación al cambio, la idea de que “uno tiene que saber cuando su tiempo ya ha pasado” y “aprender a admirar otras victorias”.

En un mundo desolado por una guerra ambigua, la derrota es una cuestión de principios. Rendición arranca cuando llega el momento de evacuar la Comarca donde vive el protagonista con su esposa para trasladarse a la Ciudad de Cristal. La condena de la trama recuerda a las propuestas distópicas de Margaret Atwood, en particular al popular Cuento de la Criada, ahora convertido en serie de HBO, y a algunas novelas juveniles como la saga de Divergente.

La aparición de un niño incógnito y mudo al que el matrimonio adopta, cambia las prioridades del protagonista al establecer un diálogo tácito con este ente fantasmal, que recuerda al Odradek de Kafka. Ray Loriga inventa un mundo perfecto en la Ciudad de Cristal, una ilusión de excelencia que casi siempre encubre la noción de un infierno. En la Ciudad de Cristal no hay olores, todo es transparente, todo está a la vista de todos menos las fases negativas del temperamento humano, que son reprimidas mediante drogas disimuladas en el agua. O al menos eso cree el protagonista. La paranoia y el sentimiento de impertinencia torturan la mente del narrador quien no parece dispuesto a dejar atrás su pasado.

La rendición de esta novela consiste en un principio de extinción, en aceptar que uno está anclado a un mundo viejo e inexistente que ya no tiene cabida, ni siquiera a la hora de nombrarlo, en el mundo actual. La rendición es aceptar nuestra propia caducidad y suprimirnos de la ecuación universal en aras de un mundo innovador, mucho más positivo y grato para la colectividad.

No me extrañaría que este libro se convierta pronto en otra serie de Netflix o HBO. Ray Loriga ha colaborado en proyectos cinematográficos desde hace 20 años, como guionista, junto con Pedro Almodóvar, y como director en Teresa, el cuerpo de Cristo. Pronostico que será una serie exitosa y comentada, aunque no estoy del todo convencida de que esa deba ser la finalidad de la literatura. Acaso se trate de una rendición personal que tenemos que aceptar de una vez los escritores de narrativa, aceptar el mundo nuevo y darnos cuenta de que las grandes obras ya no son nuevas formas de nombrar la realidad, sino tan sólo grandes premisas que pelearán para masificarse en las plataformas audiovisuales.